noviembre 10, 2025,
NADIE QUIERE VERNOS
por Rurik García
Es verdad, la gente cada vez quiere ver menos publicidad.
Algunos años me bastaron trabajando en publicidad para darme cuenta de lo que no quería ver.
La publicidad y los anuncios son un ente malvado que vive en la sociedad, acechando y siendo un intruso en el día a día de las personas. De inicio, la gente los aborrece, y no los juzgo; la contaminación de cada billboard impreso, la insistencia de l@s edecanes, los constantes banners digitales que te estorban, los anuncios pagados en tu feed de redes sociales, uno no puede buscar algo en Google sin que el algoritmo te aviente 15 productos relacionados con tu búsqueda y qué decir del video de tu tiktokero favorito con la mención pagada al final. Compra, compra, compra. Ya, ya, ya.
El instinto primario de las personas es evitarla para seguir con su día. Nosotros lo toleramos porque entendemos que hay un equipo y gente detrás de eso, le vemos el lado humano por decirlo así, pero una persona común, lo desaparece al instante de su radar.
Y de ahí es donde la chamba del publicista moderno cobra aún más vida.
Es por eso que no solo basta con decir: “una mención que hable de mi producto”, “un radio que diga el nombre de mi marca”, “una mención en el partido de fútbol con mi servicio”
La teoría de la aguja hipodérmica murió hace décadas. La manipulación de masas desapareció.
Se requiere de un esfuerzo más grande, coordinado, detonado en conjunto y además, una evolución constante, porque las audiencias creen algo diferente cada día. Hoy desean algo con toda su alma, mañana lo odian. La creatividad se ha sumergido por años en los insights universales, que ahora se requiere tocar las fibras más específicas para ser relevantes. Ahora vivimos con multiestrategias y multicanales, cual Dr Strange, buscando todos los escenarios posibles. Y de todo eso, de la teoría que tenemos y vivimos en el día a día, hay algo a lo que tenemos que seguirle haciendo caso y es a esa sensación en la tripa que nos sigue diciendo: “sí, creo que por aquí es”. El estómago no miente, el cerebro sí, a veces. Pero esa cosquilla que lleva años guiándonos en el negocio, es lo que nos sigue dando luz.
Ahora, ese sentir no llega fácilmente. Llega después de juntas, de research, de matar 100 ideas, de dialogar o discutir (amigablemente), de pensar y repensar las cosas, de avanzar, de detenerse y dar un paso atrás. El camino fácil en la publicidad, ya no existe.
Y cuando no se siente ese pellizco en el estómago, entonces no deberíamos estar listos todavía.
Porque si nos basamos en el instinto de resolver en lugar del instinto de asombrar, la gente va a seguir sin leer nuestros anuncios. Como industria, si nosotros nos obligamos a elevar el nivel, le hacemos un bien a la comunidad publicitaria, a las generaciones actuales y a las que vienen.
Así que démonos un minuto para repensar la próxima cosa que va a salir de nuestra mente: idea, estrategia o feedback, etc… ¿Cómo nos metemos en la mente de gente que no nos quiere ver? ¿Cómo les damos algo que les provoque algo? Hagamos parte del juego su sorpresa positiva e interacción y divirtámonos con eso. Porque la publicidad, al menos para nosotros, los que quedamos aquí, debería ser más disfrutable y enriquecedora y causar un poquito más que un simple clic al “skip ad” o pasar a la siguiente storie.